Mi tatuaje, mi pesadilla

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Mi tatuaje, mi pesadilla

Mi tatuaje, mi pesadilla

Tres artistas y el dificil arte de tapar tatuajes olvidables

Nota del diario Infobae sobre los tatuadores de Mandinga tattoo y su experiencia en cover-up.

 Claudio, Matías y Sebastián saben a qué se refieren en el programa de televisión “Tattoo nightmares” (“Tatuajes de pesadilla”) cuando hablan de “tatuástrofes”. Son clientes que llegan traumatizados porque cargan en la piel con el nombre de una pareja que un día dejó de ser amorosa para ser infiel o violenta. O que llegan avergonzados porque portan un tatuaje viejo, feo, deforme o pasado de moda que no quieren volver a verse. Sebastián sabe de tatuajes “polémicos”, por eso corta el tono dramático con una sonrisa. Lo que cuenta es la historia de una chica que pidió un turno con él, se bajó la ropa interior y le mostró el resultado de una borrachera antológica: “Sabor latino”, decía en el pubis.

Los cover-up son tatuajes que se hacen para cubrir o camuflar un diseño anterior. “Esa chica se lo había hecho en una noche de borrachera durante un intercambio en Estados Unidos. Estaba bien abajo del pubis, el espacio era muy chico, fue un desafío”, cuenta a Infobae Sebastián Maurig, que trabaja como tatuador profesional desde hace ocho años.

Una flor tapó el “Sabor latino” y una bandera de Chicago tapó la sorpresa que otra mujer había querido darle a su marido. “Se había hecho un logo de River que tiene un estadio y un león adentro. Abajo decía “Jorge”. Ella no era de River, el marido era fanático, por eso había querido darle una sorpresa. Parece que el marido no le dio ni bola”. En el local de Mandinga Tattoo, en Villa Lugano, Matías Gómez cuenta que la mayoría de los que vienen por un cover up buscan cubrir tatuajes avejentados por el sol y el tiempo, y también nombres de ex parejas.

Una vez vino un muchacho que tenía el nombre de su ex en la ingle. Había empezado a salir con otra chica y ella se quejaba porque cuando tenían intimidad aparecía el nombre de la otra. Empecé a hacerle un fénix para tapar el nombre, pero entre una sesión y otra, se peleó con la chica y volvió con la mujer. Le dijimos que no se lo ocurriera volver a tatuarse el nombre de la mujer pero fue a otro local y se lo volvió a hacer, en la ingle pero del otro lado. Bueno, ya imaginarás cómo termina la historia”. El muchacho volvió a separarse: le están tapando el nombre de un lado con un ave fénix, del otro, con una calavera.

No era precisamente un nombre, pero el tatuador Claudio Martínez tapó el tatuaje que resucitaba el odio en Jimena S. “Con mi ex terminó todo mal, incluso con una restricción de acercamiento a mí y a mi hijo. Cada vez que me miraba el empeine, volvía esa bronca”, cuenta a Infobae, mientras el rockabilly del local se funde con el sonido del tren que pasa por la esquina. La mala experiencia no fue un mal augurio porque Jimena, luego, se tatuó el nombre de otro hombre, que sigue siendo su pareja.

Hay famosos que también se cubrieron tatuajes: Daniel Osvaldo se cubrió el que decía “Militta, 25” y que se hizo durante su fugaz romance con Militta Bora. Karina Jelinek cambió el “Leo” de su tobillo por “Leona”. Andrés Calamaro se había tatuado “ACJC” en el antebrazo, por su relación con Julieta Cardinali, y ahora tiene un toro. Sebastián Ortega se borró con láser el nombre de Guillermina Valdes que tenía en la muñeca (y se tatuó el de Ivana, otra novia, de la que también se separó). Andrea Rincón se tapó con una flor el “Ale” (por Ale Sergi, cantante de Miranda) que tenía en el cuello.

Un cover es siempre una negociación", explica Claudio, que tiene 19 años de profesión. "Un 90% es lo que el tatuador sabe que va a funcionar, el 10% restante es el gusto del cliente. La relación es despareja porque no todo tapa. Si venís con un tribal y te gusta el puntillismo, no te puedo ayudar. Lo que sí puedo hacer es ver cómo puedo adaptar algo que se acerque al gusto del cliente y además tape”.

Camuflar para distraer la mirada es una opción: “Si sobre un tribal le hago una rosa encima, en uno o dos años se va a ver como una mancha. Entonces le hago la rosa donde no hay nada y dejo que el tallo y las hojas vayan por encima del tribal”.

Hay más y menos difíciles de esconder (cada sesión de 3 horas cuesta $3.300). Si la piel es blanca y el tatuaje está recién hecho es difícil. Si es tan viejo que la tinta está lavada, es más sencillo. Los que están muy marcados, incluso con cicatrices, son un desafío. Hacerlo con blackout (cubrir todo de negro), puede ser una opción. Hay quienes tienen diseños muy oscuros que eligen hacerse unas sesiones de láser para apagar el color antes de tatuarlo encima.

Hay otra opción, en caso de no querer hacerlos desaparecer, que es hacer un arreglo. “Suele pasar con los que tienen escudos de fútbol: no se los quieren tapar porque la tradición dice que el escudo del equipo no se tapa. Es la mística del fútbol, no se hace, como quienes dicen que es pecado ponerle mayonesa al asado. Con las bandas pasa lo mismo. La otra vez vino una chica a taparse un logo de Los Piojos del hombro porque estaba muy viejo. Seguía siendo fanática, sus hijas se llamaban Azul y Morella (un disco y un tema de la ex banda), pero en las redes sociales la reventaron, la acusaron de traidora”, sigue Matías.

El ránking de los más tapados es variado. Los pasados de moda, duendes, tribales, códigos de barra, la cara del Che Guevara, los “baratos”, hechos por tatuadores que recién empiezan, con aguja y tinta china o con máquinas caseras, los que dan vergüenza, desde una esvástica hasta el logo de Plyaboy, y los mal hechos. “Hay de todo la verdad. Acá se han venido a tapar una cara de Jesús muy fea, parecía que se la habían hecho en un barco en una tormenta, dice Sebastián. Afortunadamente ahora se usan los tatuajes grandes y es más fácil hacer una composición”.

Y están los que están hoy tan de moda que, imaginan, serán los que deberán tapar en el futuro: frases escritas en los antebrazos o palabras, “love”, “soltar”, o los pajaritos volando. Están, sin embargo, en el otro extremo, quienes jamás se taparían un tatuaje: “Hay muchos que piensan que si en el momento te lo hiciste, por algo te lo hiciste. Capaz no les gustan como le quedaron pero igual marcan un momento de sus vidas”, cuenta Matías. “Piensan eso, aunque lleven escrito el nombre de una persona a la que ya no quieren o que les hizo algo malo. No se lo tapan porque eso que les pasó también es su historia”.

 

FUENTE: https://www.infobae.com/sociedad/2017/12/02/mi-tatuaje-mi-pesadilla-tres-artistas-y-el-dificil-arte-de-tapar-tatuajes-olvidables/

Autor: Gisele Sousa Dias, Diciembre 2017



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